Al Acecho

16:09:00 Vanesa Sanmartín 0 Comments


Antes de que los primeros rayos de sol comenzasen a acariciar las fachadas de los edificios él ya se encontraba en su puesto. Como siempre, les había ganado la carrera.

No recordaba la última vez que el corazón había intentado salirse de su pecho. Hacía mucho que las frías gotas de sudor no invadían su frente. Su respiración se había vuelto silenciosa,  casi invisible. Había dejado de sentir cómo cada gota de su sangre recorría sus venas.

Se había vuelto frío, casi inerte. Era un tigre esperando a su presa, que en unos minutos aparecería en su punto de mira, dispuesta a coger el mismo rumbo que los últimos diez días. Diez días que él le había estado observando, acechando.

Las instrucciones eran claras: una bala en la frente y el trabajo estaría hecho. Luego, en cualquier momento surgiría otro encargo y el volvería a estar de nuevo al acecho.

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